Murillo: la caída del hombre fuerte de Áñez tras 11 meses de mando "confrontacional"
Desde el principio, la ahora exautoridad se declaró opuesta al partido azul. El adiós del poder de la figura política que acompañó a la Mandataria desde el inicio de su gobierno.

Arturo Murillo, aquel que acompañó a la presidenta Jeanine Áñez desde que esta asumió el mando en noviembre de 2019, terminó hoy su ciclo como ministro de Gobierno, luego de 11 meses en los que siempre dejó evidenciado su estilo "confrontacional" y su poca voluntad de disfrazar que no era adepto a ser políticamente correcto, de acuerdo con lo que ya había descrito la politóloga Verónica Rocha a este medio.

"Desde el primer momento existía la sospecha de que una figura tan fuerte que no tenga la necesidad de mostrarse políticamente correcta en el país iba a generar ruido en el gabinete". 

Murillo bajó la persiana como ministro, después de consolidarse como brazo derecho de Áñez y de haber sido blanco de varios procesos penales, entre ellos, el de Lourdes Pacheco, la mujer que su cartera acusó como "raptora" de la bebé Samantha, en septiembre pasado.

Tras conocerse que Pacheco no tuvo vínculo con el robo de la niña, Murillo atinó a pedir disculpas virtuales. Entonces, en una nota ministerial socializada en las redes sociales, la acusación errónea calificaba el error como un impasse. "El ministro de Gobierno, Arturo Murillo, expresa sus sinceras disculpas a la señora Lourdes Ninoska Pacheco Alave por este impasse".

La Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), con mayoría masista, estuvo tras sus pasos. Una comisión investigó los hechos sucedidos en Senkata (El Alto) y Sacaba (Cochabamba), lo llamó para que prestara declaraciones. Sin embargo, Murillo no se presentó a las citaciones y la Asamblea anunció un proceso por "incumplimiento de deberes".

El legislativo volvió a apuntar sobre la figura de Murillo hace menos de una semana, cuando lo convocó, nuevamente, para que brindara informaciones sobre la presunta compra irregular de gases lacrimógenos para la Policía. El ahora exministro no asistió y ello motivó la censura por parte de la ALP y la consiguiente cesación determinada por Áñez.

El panorama se complicó aún más desde el viernes pasado, ocasión en que el destituido director de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) Ramiro Rivas soltó una serie de acusaciones, entre ellas, una dirigida a Murillo. Rivas contó que la exautoridad provocó su despido del cargo y que ejerció presión para que la UIF investigara a Luis Arce Catacora, presidente electo de Bolivia, de acuerdo con el conteo rápido de la encuestadora Ciesmori (con el 52.4%).

En el camino, también chocó con Carlos Mesa, quien se presentó como candidato presidenciable por Comunidad Ciudadana (CC). Lo llamó "defensor de Evo" en septiembre, aunque más tarde dio un giro y convocó a la población a la "unidad del voto" para evitar el retorno del MAS.

El analista Fernando Salazar mencionó que una debilidad de Murillo fue su visión sobre la institucionalidad. "Su pasión contra el MAS no le deja tener una clara visión. Es su lado negativo. Su rol es hacer gestión, no es un grupo de choque. No entiende la parte institucional, nunca pudo hacerlo".

Fuente: Opinion

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